A unos les gusta mas que a otros, pero lo cierto es que la mayoría de las personas nos aprovechamos de ellas, bien para reunirnos con la familia , bien para viajar ; y los mas privilegiados para jugar con sus hijos.
Yo ahora me encuentro en esa edad en la que encontrar tu sitio , resulta una tarea a veces complicada ; por eso cuando tuve la oportunidad de pasar con mi hija de 24 años , estos días de compras y espumillón , en una ciudad tan cosmopolita como Londres , pues no lo dudé.El miedo que me producía viajar en avión , era mucho menor que el deseo de ver a mi hija . Mi asiento estaba junto al ala derecha , y tras el primer pellizco del despegue , puede darme cuenta que el milagro de volar por encima de las nubes era lo que me iba a permitir estar en dos horas y media junto a ella.
Tras el emocionado abrazo de mi llegada , y después de alguna que otra lágrima , la mejor Cicerone que pudiera tener , comenzó a enseñarme a caminar por Londres.
En mi maleta llevaba turrones , jamón y hasta un pequeño Belén . Todo lo necesario para transportar un trocito de nuestra Navidad . Tomamos un tren que nos llevó a la estación Victoria ; nunca había visto tal cantidad de gente , tan variopinta , moviéndose de un lado a otro corriendo .
Allí compramos la tarjeta del metro , y ya con ella en la mano nos unimos a ese grupo de gente que iba rápido y que con un " sorry " te apartaba de su paso. Hasta las personas me parecían más grandes ; me sentí en algún momento la niña pequeña asida fuertemente a la mano de su madre , solo que en este caso era al revés. Me dejé guiar , y después de poco menos de una hora , por fin llegamos a casa , la que iba a ser mi casa durante más de veinte días .
Fuí sacando la ropa de la maleta , los caprichos navideños que durante días había ido recopilando en casa, regalos que escondería aún no sabía donde ; todo al fin y al cabo , era material . Pensé que la otra cara de la Navidad , la que era más dificil de llevar , la que no se guarda en equipaje ; esa parte , dependía de nosotros , e iba a ser un reto saber llenar esos vacíos en cualquier lugar del mundo que estuviéramos . Allí estaba yo , a miles de kilómetros de mi casa , y sobre la mesa un plato con jamón y dos copas de vino.
" Por nosotras ", fue nuestro brindis .
Después de una hora de contarnos cosas , nos dormimos. .