sábado, 4 de febrero de 2012

Una Navidad en Londres

Me asomo, después de muchos días, a estas páginas virtuales de mi blog , para contar lo que he vivido en  unas fechas que todos, o casi todos, solemos vivir de una manera especial : La  Navidad.
A unos les gusta mas que a otros, pero lo cierto es que la mayoría de las personas nos aprovechamos de ellas, bien para reunirnos con la familia , bien para viajar ; y los mas privilegiados  para jugar con sus hijos.
          Yo ahora me encuentro en esa edad en la que encontrar tu sitio , resulta una tarea a veces complicada ; por eso cuando tuve la oportunidad de pasar con mi hija de 24 años , estos días de compras y espumillón , en una ciudad tan cosmopolita como Londres , pues no lo dudé.
El miedo que me producía viajar en avión , era mucho menor que el deseo de ver a mi hija . Mi asiento   estaba junto al ala derecha , y tras el primer pellizco del despegue , puede darme cuenta que el milagro de volar por encima de las nubes era lo que me iba a permitir estar en dos horas y media junto a ella.
         Tras el emocionado abrazo de mi llegada , y después de alguna que otra lágrima , la mejor  Cicerone que pudiera tener , comenzó a enseñarme a caminar por Londres.
 En mi maleta  llevaba turrones , jamón y hasta un pequeño Belén . Todo lo necesario para transportar  un trocito de nuestra Navidad . Tomamos un tren que nos llevó a la estación Victoria ; nunca había visto tal cantidad  de gente , tan variopinta , moviéndose de un lado a otro corriendo .
  Allí compramos la tarjeta del metro , y ya con ella en la mano nos unimos a ese grupo de gente que iba rápido y que con un " sorry " te apartaba de su paso.  Hasta las personas me parecían más grandes ; me sentí en algún momento la niña pequeña  asida  fuertemente a la mano de su madre , solo que en este caso era al revés. Me dejé guiar , y después de poco menos de una hora , por fin llegamos a casa , la que iba a ser mi casa durante más de veinte días .
  Fuí sacando la ropa de la maleta , los caprichos navideños que durante días había ido recopilando en casa, regalos que escondería aún no sabía donde ; todo al fin y al cabo , era material . Pensé  que la otra cara de la Navidad , la que era más dificil de llevar , la que no se guarda en equipaje ; esa parte , dependía  de nosotros , e iba a ser un reto saber llenar esos vacíos en cualquier  lugar del mundo que estuviéramos .   Allí estaba yo , a miles de kilómetros de mi casa , y sobre la mesa un plato con jamón y dos copas de vino.
" Por nosotras ",  fue nuestro brindis .
Después de una hora de contarnos cosas , nos dormimos. .