Me gusta la gente, observarla y hablar con ella. Vemos a las personas en la calle, en los coches, en las tiendas, en las clases; y no sabemos nada de nada. Cada uno tiene su vida propia, especial, y casi siempre la desconocemos. Eso me hace ser comprensiva a veces; cuando por ejemplo, alguien a quien consideraba amigo no me saluda con la amabilidad que le caracteriza; ó también, no me disgusto por esa persona que va en su coche, y no respeta el paso de peatones. Hay muchos momentos, en la vida diaria, en los que es conveniente pensar en los demás, para no enfadarnos, ni juzgar a nadie.
Todos tenemos nuestra historia, nuestra vida; y, que nos sirva de consuelo, que como le dijo Patronio a El conde Lucanor, siempre habrá alguien que recoja del suelo las cáscaras de los altramuces que nos hemos comido.