Me gusta la palabra clara y sencilla. Hablar no cuesta cuando se posee un buen torrente de voz .
Interrumpir , tampoco cuesta nada , es como el poder de la fuerza física ; si quieres me escuchas y si no también.
Yo tengo la voz fina , mis amigas me dicen que suelo participar poco en las tertulias , pero es tarea difícil para mí subir el tono por encima de ellas ; en realidad no me importa demasiado , ya me he acostumbrado, y el hablar poco me permite algo mucho más enriquecedor : escuchar.
Me gusta escuchar a la gente , sobre todo a la que tiene algo que decir , cuyo mensaje es corto pero sincero ; que no se va por las ramas en metáforas e ironías ; aprendo de las experiencias de las personas que me rodean y es norma general que rebosen de ellas.
Pero a la hora de escribir, me puede el sentimiento.
Me acuerdo de aquello que quise decir y me callé,
del momento que se fue y no supe aprovechar,
de la ocasión perdida , de los sitios olvidados,
de sonrisas cicateras , de miradas esquivas..
de los días felices que no supe reconocer
y de los que me he perdido.
Y no existen palabras , ni grandes , ni hermosas ,
ni eternas , ni blancas,
ni grabadas en oro , ni en sangre tatuada,
que el viento y el tiempo , no puedan borrarlas .
Todos los días nos puede sorprender un tibio sol de primavera, no es exclusivo de ninguna estación, está en todas partes;lo bueno y lo que nos hace sentir de una manera especial es saberlo encontrar,después saldremos a la calle y seguiremos adelante. Yo tengo el mío cada día. Te invito a buscar el tuyo.
martes, 16 de octubre de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Su nombre es Mar
Cada día me recibe con una cara distinta . Me espera en la puerta de su casa, y a veces, jaleada por el viento, en mil caracolillos transforma su larga y plácida melena .
A ratos joven y bravía,se torna en serena y tranquila,no sabe de temores.
Su piel se oscurece con la luna para volver a brillar como un manto de plata. Voluble como una niña caprichosa , viene , me besa y se va . Luego vuelve arrepentida para surgir entre las cenizas de mi orilla.
Anhelo durante el día, ver el puente que me separa de ella y que al mismo tiempo me une.
Cuando la encuentro,me acompaña en mi camino, hermosa guía de barcos y veleros.
Sendero de buques y reflejo de estrellas. Hermoso o hermosa,
Mar u Océano,
Atlántico de Cádiz y de Huelva.
sábado, 4 de febrero de 2012
Una Navidad en Londres
Me asomo, después de muchos días, a estas páginas virtuales de mi blog , para contar lo que he vivido en unas fechas que todos, o casi todos, solemos vivir de una manera especial : La Navidad.
El miedo que me producía viajar en avión , era mucho menor que el deseo de ver a mi hija . Mi asiento estaba junto al ala derecha , y tras el primer pellizco del despegue , puede darme cuenta que el milagro de volar por encima de las nubes era lo que me iba a permitir estar en dos horas y media junto a ella.
Tras el emocionado abrazo de mi llegada , y después de alguna que otra lágrima , la mejor Cicerone que pudiera tener , comenzó a enseñarme a caminar por Londres.
En mi maleta llevaba turrones , jamón y hasta un pequeño Belén . Todo lo necesario para transportar un trocito de nuestra Navidad . Tomamos un tren que nos llevó a la estación Victoria ; nunca había visto tal cantidad de gente , tan variopinta , moviéndose de un lado a otro corriendo .
Allí compramos la tarjeta del metro , y ya con ella en la mano nos unimos a ese grupo de gente que iba rápido y que con un " sorry " te apartaba de su paso. Hasta las personas me parecían más grandes ; me sentí en algún momento la niña pequeña asida fuertemente a la mano de su madre , solo que en este caso era al revés. Me dejé guiar , y después de poco menos de una hora , por fin llegamos a casa , la que iba a ser mi casa durante más de veinte días .
Fuí sacando la ropa de la maleta , los caprichos navideños que durante días había ido recopilando en casa, regalos que escondería aún no sabía donde ; todo al fin y al cabo , era material . Pensé que la otra cara de la Navidad , la que era más dificil de llevar , la que no se guarda en equipaje ; esa parte , dependía de nosotros , e iba a ser un reto saber llenar esos vacíos en cualquier lugar del mundo que estuviéramos . Allí estaba yo , a miles de kilómetros de mi casa , y sobre la mesa un plato con jamón y dos copas de vino.
" Por nosotras ", fue nuestro brindis .
Después de una hora de contarnos cosas , nos dormimos. .
A unos les gusta mas que a otros, pero lo cierto es que la mayoría de las personas nos aprovechamos de ellas, bien para reunirnos con la familia , bien para viajar ; y los mas privilegiados para jugar con sus hijos.
Yo ahora me encuentro en esa edad en la que encontrar tu sitio , resulta una tarea a veces complicada ; por eso cuando tuve la oportunidad de pasar con mi hija de 24 años , estos días de compras y espumillón , en una ciudad tan cosmopolita como Londres , pues no lo dudé.El miedo que me producía viajar en avión , era mucho menor que el deseo de ver a mi hija . Mi asiento estaba junto al ala derecha , y tras el primer pellizco del despegue , puede darme cuenta que el milagro de volar por encima de las nubes era lo que me iba a permitir estar en dos horas y media junto a ella.
Tras el emocionado abrazo de mi llegada , y después de alguna que otra lágrima , la mejor Cicerone que pudiera tener , comenzó a enseñarme a caminar por Londres.
En mi maleta llevaba turrones , jamón y hasta un pequeño Belén . Todo lo necesario para transportar un trocito de nuestra Navidad . Tomamos un tren que nos llevó a la estación Victoria ; nunca había visto tal cantidad de gente , tan variopinta , moviéndose de un lado a otro corriendo .
Allí compramos la tarjeta del metro , y ya con ella en la mano nos unimos a ese grupo de gente que iba rápido y que con un " sorry " te apartaba de su paso. Hasta las personas me parecían más grandes ; me sentí en algún momento la niña pequeña asida fuertemente a la mano de su madre , solo que en este caso era al revés. Me dejé guiar , y después de poco menos de una hora , por fin llegamos a casa , la que iba a ser mi casa durante más de veinte días .
Fuí sacando la ropa de la maleta , los caprichos navideños que durante días había ido recopilando en casa, regalos que escondería aún no sabía donde ; todo al fin y al cabo , era material . Pensé que la otra cara de la Navidad , la que era más dificil de llevar , la que no se guarda en equipaje ; esa parte , dependía de nosotros , e iba a ser un reto saber llenar esos vacíos en cualquier lugar del mundo que estuviéramos . Allí estaba yo , a miles de kilómetros de mi casa , y sobre la mesa un plato con jamón y dos copas de vino.
" Por nosotras ", fue nuestro brindis .
Después de una hora de contarnos cosas , nos dormimos. .
sábado, 29 de octubre de 2011
Gracias por llegar, otoño.
Ha pasado el verano. A pesar de las temperaturas altas, hemos dejado la playa atrás; ese atractivo bronceado, que tanto nos cuesta mantener, ya lo guardamos con los pareos y los bañadores. Y aunque de puntillas; el otoño se acerca. Yo lo escucho por las mañanas, cuando el basurero con su aspiradora, ruidoso artefacto, traga montañas de hojas, que, previamente, ha ido colocando en montículos amarillos y ocres. No me gusta el otoño, es como una llamada al orden , un aviso de " que viene el frío ": los días se acortan y la lluvia aparece como la visita inesperada a la hora de comer. También empieza el curso escolar; y todos los días, desde mi ventana veo a las madres con sus hijos de la mano, apurando esos minutos hasta llegar al colegio. Este año, después de tantos que ni me acuerdo; he vuelto a sentir la ilusión de ver a mis compañeros del curso pasado. La mayoría hemos vuelto, nadie nos obliga a hacerlo, sin embargo hemos creado un vínculo basado en el sentimiento que une más a las personas : la amistad. Es la nuestra una amistad incipiente aún pero joven y fresca como la ilusión de los niños; eso sí, nosotros la mantenemos desde el primero hasta el último día del curso. Es por eso que mi sol de primavera es para todos mis compañeros de clase, a los que se lo dedico ; gracias a todos y en especial a ellas, mis amigas, que han conseguido que este otoño sea diferente y especial para mí.
viernes, 17 de junio de 2011
La esencia de un día de playa
Cuando era pequeña, un día de playa era toda una aventura.
A las siete de la mañana, por el ventanuco que comunicaba mi dormitorio con la cocina, un olor a tortilla de patatas me daba los buenos días. Procurando hacer el menor ruido posible, mi madre se levantaba bien temprano para preparar la comida, la cual devoraríamos entre baño y baño; eso sí, respetando las tres horas de " la digestión".
A las nueve de la mañana salíamos rumbo al mar. Nuestro destino estaba a treinta kilómetros, aún así, había que salir temprano. Al llegar había que buscar un sitio tranquilo; y ayudados por un lugareño, y éste por su burro, transportábamos las sillas, mesas, neveras y una especie de tienda de campaña que mi padre había encargado fabricar y bajo la cual, aún recuerdo que todos nos cobijábamos tanto del sol, como de las frescas noches del verano.
El baño era el mejor momento. Insistentemente, preguntábamos la hora, hasta que por fin, mi hermano y yo lográbamos introducirnos con entusiasmo en un inmenso océano. A veces, con la yema de los dedos arrugadas, y tiritando de frío, corría a refugiarme con la toalla en los brazos de mi madre. Ya al atardecer, los días en que la marea estaba baja, cogíamos coquinas. Con el dedo gordo del pie, haciendo un hoyo en la arena mojada, en la orilla de aquel mar azul, había días que llenábamos un par de cubitos.
Lo mejor era cuando nos quedábamos a dormir; algún día escribiré sobre eso, cuando acampar en la playa no estaba prohibido, y la naturaleza podía ser disfrutada con toda su plenitud.
Mañana quiero ir a la playa. No será la misma de aquellos maravillosos y lejanos años, ni puedo ir con las mismas personas, e incluso, quizás ni me bañe a pesar de no tener que pedir permiso para ello; simplemente el agua esté fría... Pero emulando aquel entonces, me haré una tortilla de patatas y cuando esté hecha, cerraré los ojos para sentir mejor su aroma y evocaré en mi interior aquellos veranos de mis playas de Huelva.
viernes, 3 de junio de 2011
Mi sol de primavera
Caminaba por la habitación casi sin percatarse de que su madre la observaba. Había llegado de la universidad y no paraba de mirar su teléfono móvil. Con la agilidad propia de quien se ha criado jugando con un ordenador,a la vez de con las muñecas; acariciaba las diminutas teclas del invento más manoseado del siglo.Yo la seguía con la vista, con disimulo, y cuando salió del salón, y dobló la esquina del pasillo que da a su dormitorio, también la seguí, aunque esta vez no pude reprimir la curiosidad.
- ¿ Qué te pasa? ( le pregunté) No has parado de moverte desde que has llegado.
- Hoy me dicen si me dan la beca para estudiar en Londres-
Me contestó casi sin mirarme. Y un desasosiego extraño me invadió; una mezcla de temor a perder mi bien más preciado se unía a la ilusión por verla cumplir sus ilusiones y proyectos.
Pasaron varias horas hasta que le dieron la noticia. Eufórica y entre lágrimas de alegría, me llamó por teléfono.
Casi no entendía sus palabras, pero estaba feliz, de eso estoy bien segura. Yo al oírla, me sentí contagiada y participé de su risa y de su entusiasmo.Solo espero, que el tiempo que esté fuera, pase tan rápido como cuando está conmigo. Ella es mi sol de primavera.
martes, 3 de mayo de 2011
Celebraciones
Desde que nacemos, nuestra existencia se ve marcada por múltiples celebraciones.A partir del momento en que vemos la luz, nuestros padres, y en especial nuestro progenitor, se apresura a llamar a familia y amigos para comunicar la buena noticia y los emplaza, a todos, para celebrar tan feliz acontecimiento.Cumplimos un año de vida, comenzamos una cuenta,( que todos deseamos interminable ), y esa fecha que el azar nos regaló, se convierte en un día de especial celebración:" El Cumpleaños ". Luego, y dependiendo de nuestra tradición, más o menos católica, tenemos nuestro" Santo ".Y ya que hablamos de la Iglesia, seguimos celebrando; del Bautizo vamos a la Confirmación; y apenas ha pasado una década, ó quizás antes: El Matrimonio. Y vuelta a empezar.
A todo esto hay que añadir aquellas fechas, tan importantes para nosotros, y que están escritas en el diario íntimo de cada ser humano.
Es importante celebrar La Vida, con mayúsculas, no es preciso regalar nada.
Hace un par de días fue " El día de la Madre ". Me da igual el que piense que es un reclamo comercial.
Para mí, la ternura y emoción con que una madre recibe unas flores, un libro, ó una llamada de teléfono de su hijo, me parece suficiente motivo para dedicarle un día. Aún conservo los trabajos que mis hijos me hicieron en el colegio y que con toda la ilusión de su corta edad, me entregaban al llegar a casa.Celebremos mientras podamos todo lo hermoso que nos da la vida, y ésta, no nos olvidemos nos la dio nuestra madre.
Mi " Sol de primavera " va para todas ellas. Siempre con cariño, con mucho cariño.
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