Los que no vivimos en nuestra ciudad natal, tenemos un cariño tremendo por nuestro pueblo.
Aprovechamos, cualquier ocasión, para alabar todo lo que le pertenece;desde su repostería hasta su paisaje, desde su gente, a cualquier rincón, que para nosotros, y sólo para nosotros, signifique algo especial.
Hace unos días y gracias a este prodigio de la comunicación que es " internet ", pude contactar con una amiga, compañera de juegos, y de la que no tenía noticias desde hace treinta años.
Con gran voracidad nos contamos nuestras historias; todo lo que en unos minutos puede resumir más de media vida.
Sin embargo, casi sin darnos cuenta, volvimos a tener diez años, y, brotando, como de un manantial inagotable, fueron saliendo recuerdos olvidados; aquellos momentos, que con el filtro de la distancia, se han vuelto, si cabe, aún más mágicos y maravillosos.
Hoy mi sol de primavera va para mi pueblo, con olor a tierra mojada en las tardes de otoño, cuando con tres pesetas podía ir al cine y pasar toda la tarde con un sabroso chicle " Bazoka " de tres ruedas de fresa ; ó las tardes de verano, que con un polo de limón recorría sus calles; y mi plaza del "paseo" y mis amigos, a los que el paso de los años me impide reconocer a veces.
Me viene a la memoria ese fandango :
Viva La Palma, mi pueblo
Viva La Palma, mi pueblo
viva La Virgen del Valle
sus bodegas y buen vino
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Placita del Corazón de Jesus |
sus plazas y sus buenas calles
Que vivan los palmerinos.